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Historia

Cerámicas Arcola nació en Manises a mediados del siglo XX, en un momento en el que la cerámica era casi una forma de vida en la ciudad. Su fundador, Antonio Testón Sixto, abrió un pequeño taller en 1956 con la idea clara de trabajar la arcilla con paciencia, precisión y respeto por el oficio. No había grandes máquinas ni producción en masa: había manos, barro y fuego. Y con eso bastaba para empezar.
Con el paso de los años, el taller fue creciendo al mismo ritmo que lo hacía la familia. La segunda generación, encabezada por Antonio y Alberto Testón, tomó el relevo cuando el sector vivía uno de sus momentos más intensos. Manises estaba lleno de fábricas, hornos y artesanos, y Arcola supo encontrar su sitio apostando por algo que siempre les ha definido: hacer bien lo que hacen, sin prisas y sin perder la esencia.
Durante estas décadas ampliaron técnicas, incorporaron nuevos procesos y modernizaron la producción, pero sin renunciar al toque artesanal que les había dado identidad desde el principio. La empresa pasó de ser un taller a convertirse en un referente local en la fabricación de bizcocho cerámico y piezas especiales.
La tercera generación, con Antonio Testón Cuesta al frente, ha llevado a Arcola a una etapa de equilibrio entre tradición y modernidad. Se han abierto a nuevos productos, han afinado procesos y han mantenido la filosofía que siempre les ha acompañado: trabajar la cerámica con honestidad, cuidando cada pieza como si fuera única.
Hoy, más de sesenta años después, Cerámicas Arcola sigue siendo una empresa familiar que ha resistido crisis, cambios de mercado y la desaparición de muchas fábricas históricas. Su secreto no es ningún misterio: constancia, oficio y una forma de entender la cerámica que se transmite de generación en generación.